Un Uribe bipolar dijo:
“El Estado de Derecho es una gran conquista de la humanidad. Es una conquista que ha exigido esfuerzos milenarios. El Estado de Derecho exige que todos los ciudadanos nos sometamos a la ley, pero especialmente el gobernante. Que el gobernante dé ejemplo en aquello de observar la ley, que debe ser una ley externa a él, una ley que no coincida necesariamente con su pensamiento, que no puede coincidir nunca con sus caprichos: la ley que los juristas llaman la ley heterónoma.
“Otros elementos bien importantes del Estado de Derecho son, por ejemplo, la estructuración del Estado en ramas independientes del poder público, que haya órganos de control. Y diría que el elemento sobresaliente es el nivel de libertad para que la ciudadanía participe.”
Uribe habló en el vacío, como si el tema al que se refería no tuviera relación directa con sus actuaciones. Como si estuviera refiriéndose a otro país, a otra democracia. Como si no estuviera refiriéndose al fallo del máximo tribunal de la justicia colombiana que declara que el proceso que pretendía llevarlo a él a un tercer periodo presidencial violó el principio democrático.
A muchos seguidores del gobernante, el discurso debió conmmoverlos casi hasta el llanto. El mito cuidadosamente elaborado sobre el “refundador de la Patria” y el “padre de la nación”, comienza a generar cierto sentido de orfandad, hábilmente confeccionado por los medios de bolsillo (con sus opinadores y periodistas de bolsillo). Ahora se nos venderá la idea de un país puesto en situación de orfandad por una Corte incompasiva, indolente, de espaldas a los sentimientos del país uribista.
¡Qué distante está la imagen de la realidad!
Lo primero que debemos tener claro es que la Corte no solo cerró el paso al tercer mandato del gobernante compulsivo. La Corte, con la Constitución en la mano, comprobó que todo el proceso que se inició con la recoleción de firmas y la financiación de la campaña pro-referendo, y que culminó con la expedición de la ley 1354 de 2009, fue inconstitucional. Es decir, ilegal.
Digámoslo de una manera más clara, para que no quede duda: el proceso que pretendía buscar una nueva reelección de Uribe violó la Constitución y las leyes, amenazó gravemente la frágil democracia colombiana y el Estado de derecho. En términos de la Corte: nos encontramos ante “violaciones sustanciales al principio democrático”.
Más aún, la Corte verificó que durante el trámite de la iniciativa ciudadana que dio origen a la Ley 1354 de 2009 ocurrieron irregularidades que, vistas en conjunto, configuran una "grave violación de principios básicos de un sistema democrático".
Podría argumentarse que el Presidente nunca manifestó expresamente su apoyo al referendo re-reeleccionsita; que ni siquiera era aún candidato; que casi no maquinó directamente para conseguir la aprobación del referendo. Y podría decirse que por tal razón, el fallo de la Corte no altera las cuestionables credenciales democráticas de Uribe. ¿Habrá alguien tan ingenuo que pueda creer esta patraña?
¿Quién se encaminaba a constituirse en beneficiario de la aprobación del referendo re-reeleccionista? El único y exclusivo beneficiario de la empresa ilegal desenmascarada por la Corte sería Álvaro Uribe Vélez y la principal víctima el Estado de derecho.
¿Puede desligarse Uribe, con su retórica democrática, del hecho comprobado y cierto de que cada uno de los pasos dados dentro de la pretensión de convocar un referendo re-reeleccionsita violó la Constitución?
Nuevamente, la verdad monda y lironda nos dice que Uribe fue el autor intelectual y habría sido el principal beneficiario de una empresa ilegal que buscaba quebrarle el espinazo a la Constitucion nacional y al Estado de derecho.
Alguien que dirige y busca beneficiarse de una empresa ilegal como esta, no es y nunca será un demócrata.
Lo que menos necesitamos en este momento es que Uribe pretenda darnos lecciones de democracia a los colombianos. Necesiamos que se haga a un lado y que no interfiera el proceso electoral.





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